En 4theFit creemos que la moda puede ser mucho más que estética: puede ser responsable, consciente y transformadora. Y si hay alguien que encarna esta filosofía, es Elisabeth Molnar (69 años), directora general de Humana Fundación Pueblo para Pueblo desde su creación hace 38 años, en 1987. Dado nuestro compromiso con la moda sostenible, la visión de esta experta en campañas de sensibilización y valorización del textil usado como recurso resulta especialmente valiosa.



¿Cuál fue el momento decisivo para que usted decidiera dedicar su vida profesional al tema de la reutilización textil y la cooperación?
Con 20 años realicé un viaje a América Latina que me cambió la vida. Vi una realidad que era muy diferente a la de Europa, una realidad con mucha pobreza y desigualdad. Nació en mi interior la necesidad de contribuir a equilibrar esa injusticia. En mi país de origen, Dinamarca, había participado en una organización que había conseguido algo muy relevante: recogíamos ropa que se convertía en recursos con resultados positivos para los países destinatarios. Y ahí surgió la necesidad de aplicar esta idea en más países, para establecer una especie de puente entre lo que llamamos el Norte Global y el Sur Global, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las comunidades más desfavorecidas del planeta y facilitar su progreso económico y social.
¿Qué le inspira, a día de hoy, a seguir dedicando su vida profesional a esto?
Pese a que, casi cuatro décadas después, el mundo ha cambiado mucho, desgraciadamente aún existe mucha desigualdad. Por eso nuestro trabajo sigue siendo igual de necesario y en Humana mantenemos intacta nuestra misión: proteger el medio ambiente a través de la reutilización de textil y mejorar las condiciones de vida de las comunidades en vías de desarrollo, tanto a nivel nacional como internacional, mediante programas basados en la solidaridad, la organización activa de las personas, con especial atención a los jóvenes y la infancia.
Pese a que, casi cuatro décadas después, el mundo ha cambiado mucho, desgraciadamente aún existe mucha desigualdad. Por eso nuestro trabajo sigue siendo igual de necesario
La Generación Z está rediseñando la relación con la moda. ¿Qué cree que entiende esta generación sobre la circularidad y el valor social de la que las generaciones anteriores pasaron por alto?
En los últimos años se han roto multitud de prejuicios y barreras respecto a la moda de segunda mano. De ser un producto destinado a personas con pocos recursos y ser un sector con escaso prestigio, se ha convertido en algo muy atractivo para un público cada vez más numeroso. Es una opción seductora para muchos segmentos de la sociedad y la respuesta de las nuevas generaciones, como la Z, es especialmente significativa: tienen menos poder adquisitivo y al mismo tiempo apuestan por el menor impacto posible en el consumo; consideran que es moda original y sostenible; es una alternativa sostenible y asequible que permite definir una identidad propia alejada de las marcas de moda rápida. Al vestirnos cada día expresamos quiénes somos y cómo nos sentimos; al vestir segunda mano lanzamos un mensaje de cierta rebeldía e individualidad, tan importante a día de hoy, sobre todo para muchos jóvenes.
Elisabeth Molnar, directora general de Humana Fundación Pueblo para Pueblo
Cada año, más de 2,7 millones de personas donan su ropa en los contenedores de Humana, y en 2024 se recuperaron 19.074 toneladas de ropa usada. Nos gustaría saber cómo interpreta usted estos datos: ¿Cree que reflejan una alta conciencia de reciclaje entre la población o que son una consecuencia directa del consumo excesivo (el fast fashion)?
Son cifras de las que estamos muy orgullosos, sin embargo, lo cierto es que, actualmente, el sector de la ropa de segunda mano vive una etapa de preocupación: las prendas de ropa tienen cada vez menos durabilidad y calidad, lo que reduce el valor de la reutilización y aumenta la proporción de textiles postconsumo no reutilizables. Las tasas de reutilización han caído los últimos años, lastradas por la mala calidad de las prendas de ropa y por el auge de la moda ultra rápida, los artículos de la cual son tan baratos que casi no generan valor en el mercado de segunda mano.
Por otro lado, el sector de la reutilización y el reciclaje textil vive una crisis. No hablamos de una dificultad pasajera, sino de un cambio estructural que golpea a todos los operadores y amenaza con desmantelar un ecosistema construido durante décadas. Las causas son múltiples y, en gran medida, se alimentan entre sí. Por un lado, existe un desajuste evidente entre la legislación y la realidad operativa: las normas avanzan a un ritmo que no siempre tiene en cuenta la capacidad real del sector. A esto se suma la insuficiente capacidad de clasificación para gestionar el creciente volumen de textil recogido selectivamente, lo cual genera cuellos de botella en toda la cadena.
En el plan económico, los costes de operación y transporte no dejan de aumentar, mientras que factores como por ejemplo las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos y las disputas comerciales, la congestión en puertos clave, la falta de contenedores y el aumento de los costes de flete añaden inestabilidad a los flujos comerciales. El mercado internacional también está tensionado: hay un exceso puntual de oferta, impulsado en parte por la irrupción de China como exportador masivo de ropa de segunda mano, que compite directamente con los canales tradicionales. A todo esto, se suma el problema de calidad de las prendas de ropa, antes mencionado.
La competencia asiática, más eficiente en costes, ejerce presión sobre los precios, tanto del residuo original como del producto clasificado. Y, mientras tanto, la industria mantiene una preferencia clara por el reciclaje preconsumo (más fácil y rentable) frente al postconsumo, que es el verdadero reto ambiental. Finalmente, y no menos importante, allá donde la legislación es ambigua u obsoleta, proliferan prácticas opacas que distorsionan el mercado y socavan los esfuerzos para avanzar hacia un modelo circular real.
En el plano local, los ayuntamientos (propietarios y responsables del residuo textil) parecen reacios a asumir que la etapa de bonanza recaudatoria por este servicio público se acerca a su fin. El problema central puede resumirse en una frase: hoy cuesta más recoger selectivamente que lo que vale el residuo. Humana no es ajena a estas dificultades. Hemos afrontado ajustes en la gestión (algunos más visibles que otros) para adaptarnos a un escenario cambiante. Continuamos fomentando el diálogo con toda la cadena de valor para que el futuro inmediato del sector sea un entorno serio, competitivo, no deficitario y no dependiente de recursos públicos.
Hoy cuesta más recoger selectivamente que lo que vale el residuo.
Según la web de Humana, el modelo de gestión del textil implica que la ropa se recoge de los contenedores, se transporta y pasa por una planta de reparación antes de su reutilización, destinándose después a empresas de reciclaje o a tiendas de Humana: aproximadamente un 21% en España y un 41% en el extranjero, principalmente en África. ¿Qué criterios sigue su equipo para fijar el precio de una prenda que alguien dona y luego se vende en las tiendas de Humana España?
Nuestro Departamento de Tiendas determina los precios de las prendas. El primer criterio es que el precio siempre será inferior a una prenda nueva. A partir de ahí, y gracias a la experiencia de casi 40 años y de un profundo conocimiento del sector de la segunda mano y de las marcas, podemos establecer el precio de cada artículo: según la marca, el estado en que se encuentra, el año de producción…
El resurgir del interés por la segunda mano ha provocado que muchas marcas lancen “líneas sostenibles”. Desde su experiencia, ¿cómo se puede distinguir entre compromiso real y greenwashing?
Humana está en contra del greenwashing. Nos avala nuestro trabajo desde 1987: entonces, como ahora, nuestro modelo de gestión es similar. Recogida de ropa mediante contenedores, clasificación posterior y comercialización de las prendas en mejor estado a través de tiendas. Todo ello con una finalidad ambiental y social.
Humana desarrolla diversos programas (voluntariado internacional, Destocka para excedentes empresariales, Bonos de Ayuda a la Vestimenta y Humana Integra para empleo dentro de la economía verde y la gestión de residuos). Teniendo en cuenta esta variedad de iniciativas, ¿hay alguna causa o proyecto que aún no haya podido abordar y que le gustaría impulsar en los próximos años?
Lo cierto es que desde Humana abarcamos muchos ámbitos de actuación en los que aún queda mucho camino por recorrer. La reutilización del textil es el punto de partida. Pero lo que conseguimos va mucho más allá de la ropa: creamos empleo, implementamos programas sociales y damos respuesta allí donde más se necesita. Si nos centramos en nuestros proyectos de cooperación internacional al desarrollo, no solo buscan mejorar las condiciones actuales en el Sur Global, sino que también empoderan a las comunidades para que sean ellas mismas las protagonistas de su propio desarrollo futuro y que éste sea realmente sostenible. El motor que impulsa estos proyectos no es otro que la fuerza y la determinación de las personas involucradas. Son ellas las que, con su participación activa y con su compromiso, pueden alcanzar los resultados previstos y escribir un futuro más próspero y justo para ellas y sus comunidades.
¿Qué práctica de la industria de la moda le preocupa más ahora mismo?
Vestir de forma responsable. Lo idóneo es tener un número razonable de prendas en el armario, apostar por prendas nuevas de calidad y duraderas, y contar con la ropa de segunda mano como una alternativa fantástica al fast fashion.
Teniendo en cuenta la enorme oferta de ropa y la presión por la novedad, ¿qué compromiso personal, además de donar lo que ya no usan, recomendaría a nuestras lectoras para convertirse en agentes de cambio en la moda sostenible? Y, en este contexto, ¿cuál cree que es la pregunta clave que deberíamos hacernos antes de comprar una prenda nueva?
Se estima que cada ciudadano consume anualmente 25 kg de textil y desecha aproximadamente 22 kg. Según los informes más recientes, en España se genera anualmente más de un millón de toneladas de residuos textiles, pero solo se recoge selectivamente el 12% de los textiles al final de su vida útil para promover su reutilización o reciclado; el resto es depositado en la fracción del resto, lo que significa que terminan incinerados o en vertederos. Falta todavía mucha pedagogía y sensibilización respecto a la gestión de la ropa usada. Desde Humana trabajamos para ofrecer transparencia y comunicar cuál es el camino que sigue la ropa depositada en un contenedor y, sobre todo, qué se hace con los recursos que se obtienen de esta gestión. Respecto a la pregunta que deberíamos hacernos, apuesto por la siguiente: si ya no quieres una prenda de ropa, pero está en buen estado, ¿para qué tirarla y comprar una nueva? Dónala, dale una segunda vida y apuesta por la moda reutilizada.
Si quieres conocer todos los detalles sobre cómo Humana recoge, reutiliza y transforma millones de prendas cada año, y descubrir las iniciativas que hacen de esta fundación un referente en moda responsable, puedes leer nuestro artículo completo aquí.

Deja un comentario